Demanda atenuada

Los dominicanos han respondido con entusiasmo a la ampliación del programa de vacunación. Gracias a la llegada del más reciente cargamento de Sinovac procedente de China, el Gobierno ha podido extender las vacunaciones a los jóvenes, abriendo centros de inoculación por todo el territorio nacional. La reacción de la población ante la oportunidad de vacunarse ha sido vigorosa, al punto que las autoridades sanitarias mencionan ya la posibilidad de alcanzar en agosto el nivel de inmunidad grupal.

En los EE.UU. encuestas han revelado que cerca del 28% de los adultos no está en disposición de vacunarse, lo cual contrasta con la actitud que ha tenido lugar aquí y en otros países menos desarrollados. Esa diferencia pone de manifiesto un rasgo observado en la demanda de bienes y servicios, en el sentido de que cuando un objeto es asequible libremente sin dificultad, disminuye el componente de logro derivado de conseguirlo. Hay en este caso, evidentemente, aspectos relacionados con el temor a efectos secundarios, los cuales inciden en la decisión de rechazo, pero también está presente la motivación de dejar que otros vayan delante, dado que no se anticipa una futura escasez. Frente a esa situación, empresas estadounidenses como Target, Kroger y Amazon han ideado ofrecer bonos y mejores salarios a los empleados que presenten prueba de vacunación, a fin de reducir la resistencia a las inoculaciones.

Pero no sólo el virus puede ser atenuado para usarse como vacuna. La demanda por vacunación puede también serlo, aun en países como el nuestro, si a la población se le plantea que debe recibir inyecciones de refuerzo cada cierto tiempo, digamos anualmente o cada seis meses, a fin de restaurar la protección y defenderse de nuevas variantes. Y no se sabe si los gobiernos tendrán los recursos para sostener de forma indefinida un programa de ese tipo.

Los fabricantes de las vacunas afirman que los refuerzos serán necesarios, pero algunos especialistas lo cuestionan.

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