Resistencia premiada

Mantenerse sin firmar un acuerdo y esperar hasta el final para obtener mejores condiciones, es una táctica de negociación que implica riesgos

Si alguien reside en los EE.UU. o en algunos países europeos y no se ha vacunado todavía contra el COVID-19, podría conseguir que le pagaran para hacerlo. En ciertos casos pudiera recibir algún dinero, y en otros quizás regalos, cupones o paseos, pero sea lo que fuese a obtener, sería una recompensa por su decisión de vacunarse. Evidentemente, muchos antes que él o ella se presentaron voluntariamente para ser inoculados, pero sin que por haberlo hecho se les pagara. Pero a los que quedaron rezagados por algún motivo, es posible que por desconfianza o temor a efectos secundarios, les aguarda un premio por su resistencia. Luce injusto, no obstante, que así sea, ya que por no vacunarse retrasaron el triunfo sobre el virus, y pudieron contagiarse y propagar las infecciones.

Esa situación se asemeja a la que en ocasiones involucra a acreedores minoritarios, que rehúsan aceptar los términos de un acuerdo con deudores en cesación de pagos. Es posible que al final ellos logren recibir un porcentaje de sus reclamaciones superior al que obtuvieron los acreedores que pactaron previamente. E igual que para las vacunaciones de los rezagados, no parece ser equitativo que consigan más que quienes con su anuencia hicieron viable el acuerdo con el deudor.

Desde el punto de vista económico, mantenerse sin firmar un acuerdo y esperar hasta el final para obtener mejores condiciones, es una táctica de negociación que implica riesgos, pero puede serles provechosa si su actitud afecta la conclusión del acuerdo. En lo que a las vacunas respecta, la actitud de los no vacunados también incide sobre la campaña antiviral, aunque la recompensa haya sido un beneficio imprevisto, pues no es probable que quienes no quisieron vacunarse previeran que más adelante se les pagaría para que cambiaran su actitud. Y, tal como en las negociaciones económicas, su rechazo a la vacuna implica riesgos de contagio, de lesionar a familiares y allegados, y de perder empleos o contrataciones.

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