Vinculaciones comunitarias

De los grandes imperios coloniales europeos sólo queda el recuerdo, pero los lazos culturales creados durante su apogeo prevalecen hasta nuestros días. Particularmente significativa es la influencia de los idiomas, aún utilizados en muchas zonas del mundo por las hoy independientes antiguas colonias, en ocasiones superpuestos sobre lenguas ancestrales. Así sucede en las otrora colonias francesas en África, en las que el uso del francés es señal de educación y sirve como medio común de comunicación para una gran diversidad de grupos tribales.

La más conocida de las estructuras coloniales remanentes es la Comunidad Británica, cuyos vínculos políticos, aunque esencialmente simbólicos, son más formales. Más reciente es la Comunidad de Estados Independientes, que agrupa a una parte de los países surgidos a raíz del colapso de la Unión Soviética, fundamentalmente aquellos ubicados en Asia central que eran parte integral del estado soviético. Los del lado europeo asimilados gracias a la Segunda Guerra Mundial, como fueron las naciones bálticas, y los que mantuvieron su independencia aunque eran controlados por los rusos, en su mayoría han preferido vincularse con la Unión Europea.

En la etapa difícil posterior a la desintegración del país, los rusos no podían atender a sus propias necesidades y mucho menos a las de otras naciones. El cambio ha sido notable, existiendo ahora una agencia federal para los asuntos de la Comunidad y de los “compatriotas” que viven en el extranjero, encargada además de administrar la asistencia a países no comunitarios y promover la cultura rusa en el mundo.

Según datos del Banco Mundial, los aportes rusos para el desarrollo económico internacional se han multiplicado por quince desde el 2004, cuando apenas llegaron a los cien millones de dólares. No obstante, las cifras involucradas son relativamente modestas, y probablemente inferiores a las correspondientes a las operaciones de índole militar.

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