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Homilía por los 500 años de la llegada de Mons. Alessandro Geraldini, pronunciada por Mons. Francisco Ozoria

  • Extracto de “El Legado Italiano en República Dominicana. Historia, Arquitectura, Economía y Sociedad”
Monseñor Franciso Ozoria, catedral primada de América, 17 de septiembre de 2019. (Fuente externa)

Muy queridos hermanos y hermanas,

Hoy día 17 de septiembre conmemoramos el V centenario de la llegada a nuestro país del primer obispo residente de la diócesis de Santo Domingo: monseñor Alessandro Geraldini.

En esta celebración queremos dar gracias a Dios por la hoy arquidiócesis de Santo Domingo y por el ministerio episcopal de este abnegado pastor.

El primer obispo nombrado fue fray García de Padilla, franciscano; sin embargo nunca pisó suelo dominicano.

En virtud de que la obra del ilustre hijo de Amelia, Italia, fue tan prolífera y nos tomaría mucho tiempo repasarla, aunque fuera sólo a grandes rasgos, me centro en dos aspectos de la vida del prelado que nos ocupa: Geraldini el diplomático eclesiástico y el pastor.

No obstante, permítanme referirme brevemente a él como autor, maestro y a su legado. Escribió 20 obras en latín clásico; 24 libros de versos sagrados, una vida de san Benito y temáticas referidas a la educación de la época.

Geraldini el diplomático eclesiástico

Aunque trasladado por el papa León X en 1515 de su sede en Vulturaria y Montecorvino en Italia al obispado de Santo Domingo, Geraldini pasaría largo tiempo y realizaría todavía muchas cosas en Europa antes de viajar a su sede americana. La mayoría de ellas se refieren a misiones diplomáticas.

A las últimas de éstas alude en su carta al Cardenal Lucio Puccio, escrita en Santo Domingo. En esa carta afirma: «Los trabajos de mi larga peregrinación por Bélgica e Inglaterra, además de aquellas incomodidades pasadas en la navegación por el gran océano desde la Isla Británica hasta Cádiz, han sido el motivo por el cual he estado largo tiempo olvidado de mí mismo».

La última hazaña de Geraldini sería su viaje a Etiopía, que era poco menos que viajar a las Indias, aunque no estuvieran de por medio mares desconocidos.

Geraldini el pastor

Tomando en consideración las cualidades humanas e intelectuales que varios autores atribuyen a Alessandro Geraldini, no es extraño que este fuera exitoso en cualquier carrera y que, inclinado por la eclesiástica, fuera designado en un corto período de tiempo obispo de Vulturaria y Montecorvino en Italia hacia el 1496, sede que ocupó hasta 1516, pues en 1515 fue trasladado al obispado de Santo Domingo.

Un primer elemento que apunta a la calidad de pastor del obispo Alessandro Geraldini es que, conocida su designación como obispo de Santo Domingo, pide sin dilación al papa que lo libere de sus deberes en la diócesis de Vulturaria para dedicarse a gobernar su nueva sede. En este punto llama la atención el hecho de que un obispo italiano, con prestigio en las cortes europeas, incluyendo la pontificia, prefiera una mitra en un mundo por conocer, renunciando a las ventajas de su posición y relaciones en el mundo que le es conocido y en el que él es ya una figura conocida.

Un segundo elemento, que creo apoya mi punto de vista sobre la calidad de pastor de mi predecesor, lo encontramos en su sermón o alocución a su llegada a Santo Domingo. Se trata de una verdadera página pastoral que bien merece ser estudiada, en la cual el obispo Geraldini se adelantaba a los tiempos modernos; hablaba ya de corresponsabilidad pastoral, lo cual va de la mano con otro elemento propio del pastor, a saber, el celo por todos y cada uno de los miembros de la familia diocesana.

El celo pastoral es ciertamente un elemento que encontramos en Geraldini. Sólo su celo de pastor pudo motivarlo a dejar Europa para aventurarse a emigrar para tomar parte con los pioneros evangelizadores de América.

Corona su celo de pastor su interés por construir una catedral digna de tal nombre. A este respecto cabe recordar lo que escribía a algunos de sus amigos, entre ellos al papa León X, posiblemente poco después de llegar a su sede en Santo Domingo: «Como mis pueblos están situados en el otro eje del mundo, y como están situados en un extremo donde confluyen todos los pueblos de la zona equinoccial, pido suplicante que pueda edificarse allí un templo muy notable a Nuestra Señora de la Anunciación: que en el pueda lucrarse un jubileo según el rito cristiano, y que conceda su santidad indulgencias mayores en cualquier fiesta de la santísima virgen que ocurra durante el año, las cuales puedan alcanzar no sólo los habitantes de la isla La Hispaniola, sino también los de Cuba, San Juan y de la gran isla América y todas las situadas bajo estos cielos».

Pero la labor de Geraldini en su corto episcopado no se limitó al aspecto religioso. Como todo auténtico pastor hizo suyos los problemas de las ovejas a él encomendadas. Las mismas obras por las que se interesó, entre ellas el asilo, son muestras de su preocupación por otros aspectos de la vida humana, además del religioso.

Termino estas palabras diciendo que, me siento muy feliz de ser el sucesor número 50 del obispo Alessandro Geraldini.

Ave María purísima.

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