Comienza la segunda del noveno...

Fuera de la jerga beisbolista, de la que soy fanática, quisiera llevar un mensaje de esperanza. El final del juego está cerca. La pesadilla de muerte y terror del virus está llegando a su fin, o por lo menos a un estado que nos permita retomar el control de nuestras vidas
Santo Domingo
Este asunto del virus se ha ido a extrainning. (Ilustración: Luiggy Morales)

Dijo una vez Yogi Berra, el icónico cátcher de los Yankees de New York, que el juego no se acaba hasta que se termina, indicando que en pelota hasta que no se canta el último out, los resultados pueden revertirse y cualquier equipo puede ganar.

Un error de la defensa, un hit oportuno, un robo de base, un lanzamiento que el bateador vio como un melón, una jugada mal cantada... cualquier cosa puede cambiar el marcador y el resultado de un juego decisivo.

Este asunto del virus se ha ido a extrainning, pero el equipo que parece que iba perdiendo, con la llegada de los bateadores emergentes, vacunas 1, 2 y 3, ha tomado un nuevo aire. Las gradas se han llenado de fanáticos dispuestos a remangarse por su equipo y han puesto el brazo para la causa. De vez en cuando parece que el árbitro del home dejó los lentes y por momentos parece que es el dirigente que no cree en su propio equipo y hace unos cambios de novato en el lineup que dejan a más de uno con la duda de si sabe lo que está haciendo.

Los comentaristas de ambos equipos han hecho de todo por desmeritar la calidad de los jugadores propios y contrarios. Parece que no dominan los fundamentos del juego y no le queda a uno más remedio que preguntarse si son comentaristas, narradores, bocinas o enemigos cobrando por nómina. No se explica por qué insisten en boicotear cada jugada y matar las esperanzas de toda una fanaticada.

Fuera de la jerga beisbolista, de la que soy fanática, quisiera llevar un mensaje de esperanza. El final del juego está cerca. La pesadilla de muerte y terror del virus está llegando a su fin, o por lo menos a un estado que nos permita retomar el control de nuestras vidas.

Habría que ser muy mezquino para no reconocer el esfuerzo que ha hecho el gobierno en garantizar vacunas suficientes, gratis y al alcance de todos. Con aciertos y desaciertos, los mayores de dieciocho años hemos tenido la oportunidad de acercarnos a centros de vacunación a inocularnos con las dosis necesarias.

Ninguna vacuna es infalible. Yo fui vacunada contra el sarampión décadas atrás y a los 35 un buen día amanecí llena de pintas. Sobreviví con varios hoyitos como recuerdo. Nunca me pasó por la cabeza que iba a morirme, ni cuando la fiebre rozó los 40 grados y la picazón era insoportable. La vacuna que me había puesto años atrás seguía protegiéndome y lo mejor de todo, mis hijas salieron indemnes.

Así va a pasar con el Covid, a pesar de las voces agoreras, a pesar de los que piensan que su cuerpo es suyo y son más inteligentes que todos los demás. Aunque puedo entender el razonamiento, no lo comparto. En mi diccionario moral, el bien común siempre estará por encima del derecho individual, sobre todo cuando mi proceder puede poner en riesgo a los demás.

¿No se quiere vacunar porque usted vive en democracia? Perfecto, no se vacune usted para salvarse de un chip alienígena. Pero vacúnese para que sus hijos puedan volver a la escuela, por su mamá diabética, por su papá anciano, por su compañero de trabajo que tiene a su esposa embarazada, para no tener que usar más la mascarilla, para no tener que comer con una mampara delante, para poder chismear y acabar con el gobierno apretujados en una guagua pública. ¡Para no vivir atentos a un decreto cada quince días!

Vacúnese para demostrarle al gobierno que usted puede hacer oposición responsable. Pero no retrase con su actitud la vuelta a la normalidad de los que hemos respetado y seguimos respetando reglas, aunque parezcan absurdas.

Vacúnese por los que queremos volver al play a animar a nuestro equipo, a gozar y a sufrir en coro, a comernos las uñas sin echarle alcohol a las manos, a celebrar ese último out porque le ganamos al Covid. Le falta poco a este juego. ¡Voy al Águila!

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