Los predestinados

República Dominicana

Cualquier manual del perfecto populista incluye la descripción de este político (y frecuentemente militar metido a político) convencido de su papel en la historia. Nuestro protagonista no concibe su vida fuera del poder y ni siquiera se le ocurre a qué se dedicaría en caso de no perpetuarse en la posición a la que aspira. Por eso, una vez que llega... no suelta “la silla”. Y si se la hacen soltar no cejará en su empeño en recuperarla.

El populismo no es una ideología, es una estrategia para llegar al poder, describía en un artículo Moisés Naim hace unos años. Es la estrategia que permite llegar con herramientas democráticas al poder para desde ahí desmontar el sistema y convertirlo en una dictadura. Amable dictadura al principio, insoportable dictadura como todas, después.

No hay que mirar muy lejos para verlo en la vida real. Venezuela y Nicaragua son ahora mismo vecinos latinoamericanos que cayeron en la trampa.

¿Puede pasar aquí? Sí, siempre puede pasar. Ninguna democracia está exenta de que aparezca un predestinado, prometiendo todos los días algo de lo que quiere oír “el pueblo”, organizando redes y prometiendo subsidios para crear la dependencia.

Él, el predestinado a salvar al pueblo, dedicará las 24 horas de cada jornada a su misión. Tan pronto pueda, infiltrará a sus seguidores en cualquier resquicio de poder. Los organismos electorales (de cualquier nivel) y los legislativos y judiciales son indispensables para ir preparando el terreno y controlarlo después.

¿Puede pasar aquí? Sí, si los partidos no depuran a sus cuadros, si dan por sentado que la democracia camina sola, siempre se corre el riesgo de que se cuele uno...

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