Sin peaje no hay paraíso

Las divinidades aman a los pecadores

Solo la hipocresía y la simulación no se dan cuenta, pero en este país meter la mano, recibir por debajo de la mesa, sobrepasó la categoría de práctica y ahora es toda una filosofía.

Filosofía del desparpajo.

El alcalde tiene ese problema resuelto. Nadie espere que va a salir por las calles a buscar a un hombre honesto con una lámpara al mediodía. O que viva en un tonel como Diógenes, a quien de seguro considerara ridículo.

No usa espejuelos, pero ve más claro que todo el mundo. Dijo lo que dijo y no tembló la Basílica, y no es que la Virgen sea indiferente, sino que -de seguro- lo cuenta entre sus fieles.

Las divinidades aman a los pecadores.

La naturaleza humana no es excusa, pero la naturaleza humana, cuando se junta con la política, suele hacer buenos negocios, negocios compartidos.

La Ética, cuando la convierten en una dependencia del Gobierno, se ríe tanto que las carcajadas llegan al cielo.

Sin cobro de peaje no hay Paraíso.

“¿Pero algo le pasará ?” –dijo un azorado que con trabajo llega a fin de mes.

“Olvida y tumba ” replicó otro que ya no se asombra de nada.

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