Ya se sabe eso de que “perro huevero...”

Muchos recursos provocan la tentación

Se supone anónimo, pero el autor del dicho “ perro huevero, aunque le quemen el hocico”, no debe caber en sí mismo.

La expresión no solo lo consagraría, si se conociera la identidad, sino que su vigencia es implacable.

Lo lógico sería cuidar la gallina, pero aquí y ahora los huevos. La gallina es valiosa como ponedora, pero su producto la supera.

En la ficción infantil se cuenta de la gallina de los huevos de oro.

Uno piensa que después de los tantos padecimientos de los imputados del pasado y del presente, se respetaría lo ajeno.

Más los dineros del contribuyente.

Además de que se presume al Estado en situación de necesidad, en total precariedad, pues todo el que llega lo primero que hace es demandar mayor asignación.

El presupuesto debiera ser un punto por cuidar, pues la abundancia de recursos provoca tentación.

Como el propósito es gastar, se vale comprar.

Orquídeas, sombrillas, artículos de belleza, y qué no decir de la mesa reservada para opíparos consumos. Por ahí María se va, y por ahí también se encuentra un expediente.

Mientras haya perro y huevos la corrupción será irremediable.

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