Ciprián Bencosme

Temeroso de que pudiese imponerse una tiranía similar a la de Lilís, Ciprián decidió oponerse por las armas para evitar ese cruel desenlace al pueblo dominicano. Y se sublevó en las lomas cercanas al Mogote, con la lealtad de todos aquellos que le debían tanto y de la gente de su entorno que lo idolatraba.

Los Bencosme son una familia cuyo origen, se presume, proviene de los judíos sefarditas. No obstante, el genealogista Antonio Guerra lo sitúa en los pobladores autóctonos de las Islas Canarias. Fueron de los primeros en establecerse en la Villa de Nuestra Señora del Rosario de Moca, allá en los finales del siglo 18 o principios del 19. Y crearon su fundo en las tierras feraces de Juan López.

Gente prolífica, emprendedora, dedicada a la agropecuaria y a la industria con notables logros económicos, en ocasiones a la política, causante de la merma de su patrimonio por la confrontación que los enfrentó al tirano Trujillo. Las mujeres de esta estirpe poseen fama de hermosas, elegantes, imponentes, atemperadas por la timidez propia del entorno restringido en que tradicionalmente se han desenvuelto.

El gran patriarca de esta familia fue Ciprián Bencosme. Hizo fortuna en la explotación agropecuaria y agroindustrial. Y llegó a poseer vastas extensiones de tierra, cultivadas mediante siembras de café, cacao, frutos menores y otros productos de exportación.

Ciprián fue un empresario de éxito. Y un activo participante en la política de su tiempo. Ocupó posiciones públicas relevantes: fue diputado y gobernador provincial. Consumado horacista, puso su peculio y liderazgo a disposición de la causa de la libertad y de la democracia. En las luchas intestinas contra el gobierno de Alfredo Victoria, en 1912, fue de los primeros en rebelarse exigiendo la restitución del orden democrático.

Cuando Trujillo derrocó a Horacio, en 1930, Ciprián no dudó en enfrentarlo. Empezaba a discurrir un tiempo ominoso. Ya habían ocurrido asesinatos horribles que anunciaban con tintes lúgubres el destino que esperaba a la patria. En San José de las Matas los esposos Maynardi Reina habían sido fulminados; ella embarazada de meses.

Temeroso de que pudiese imponerse una tiranía similar a la de Lilís, Ciprián decidió oponerse por las armas para evitar ese cruel desenlace al pueblo dominicano. Y se sublevó en las lomas cercanas al Mogote, contando con la lealtad de todos aquellos que le debían tanto y de la gente de su entorno que lo idolatraban. Desafortunadamente, no había condiciones para que prosperara una confrontación de esa naturaleza.

En unos apuntes que dejó mi tío Ramón García Vásquez cuenta que mi abuelo Eduardo era el líder de un grupo guerrillero denominado “La Flor Mocana”, que participó en las luchas intestinas de los años 1903, 1906 y entre 1912 a 1915. Estaba integrado por Joaquín (El Valito) Méndez Contreras, Balbino Bidó, Juan Lantigua, Pedro María Rosario, Carlos Guzmán, Lucas Contín, Juan María Contín, Chago Solano, el viejo Campeche, Tiolo el de Catuca, Juancito Pérez, entre otros.

Cuando Ciprián se rebeló, el Valito Méndez se dirigió donde su antiguo comandante, mi abuelo Eduardo, y lo animó a unirse al movimiento de Ciprián, tal y como lo habían hecho tantas veces en el pasado. Mi abuelo rehusó. Ya no tenía edad para esos aprestos. El Valito le pidió entonces que le entregara uno de los fusiles Remington que sabía que escondía, con sus municiones. Y así apertrechado se incorporó al grupo en las lomas del Mogote.

Hubo un momento en que Trujillo, haciendo gala de un atrevimiento parecido al que llevó a Lilís a caminar sin escolta en las calles de Moca cuando fue ajusticiado, se acercó en persona al lugar donde se creía se encontraba el grupo guerrillero.

En un sitio oculto, parapetados detrás de unas mayas divisorias, se encontraban Ciprián y el Valito, este último con fama de tirador formidable, quien al divisar a Trujillo en un claro situado en esos montes apuntó su fusil hacia su figura. Iba a disparar y es muy probable que hubiera acertado. De súbito Bencosme le bajó el arma: su ética y humanidad le impedían matar al acecho. Tal vez no quiso mostrar su ubicación. Ahí se torció el destino, de Ciprián y del colectivo.

Semanas después fue denunciado en el escondite donde se refugiaba y las tropas de Trujillo lo aniquilaron sin misericordia, en noviembre de 1930. Pasearon el cadáver por Moca durante dos días para escarmiento de todos.

La familia Bencosme pagaría un alto precio. Trujillo asesinó a Sergio Bencosme, hijo de Ciprián, en el exilio. Y más tarde a sus hermanos Donato, Alejandro y Boil. Al igual que a Ramón Camilo Bencosme y a Toribio Bencosme, miembro de la expedición del 14 de Junio.

Los Bencosme han rendido tributo a la dignidad de su pueblo, derramado sangre noble y patriótica, aportado talentos a la ciencia. Merecen reconocimiento de su pueblo.

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