El hotel Nueva Suiza, Constanza

“Observa el letrero del restaurante. Se llama: “Rubirosa’s”. Está acompañado de no menos de 10 fotos de gran tamaño del playboy impenitente, que resaltan las virtudes del macho amamantado por el tirano.”
Constanza

Cucharita y Abimbaíto se van de paseo a Constanza. Y llegan al Hotel Nueva Suiza sin reservar habitaciones, a ver qué encuentran.

—Fíjate Abimbaíto. Este es el hotel que Trujillo construyó en 1954 en Constanza. El paisaje que se domina desde este lugar es impresionante y la temperatura ideal.

—¿Fijarme en qué, Cucharita? El paisaje y el clima, estupendos. Pero en el hotel lo que veo es un elefante blanco construido con especificaciones de clima cálido, en conflicto con la temperatura templada del municipio. Concebido para francachelas pagadas por el Estado, con habitaciones carentes de privacidad, provistas con un pasillo, casi calle, por delante, otro por detrás.

—Y ¿qué te parece la remodelación que han hecho?

—¡Diantre! El gusto empeora el patrón utilizado en el pasado. Se han limitado a poner en funcionamiento alrededor de 30 habitaciones y han dejado las demás (alrededor de 80 en total) a la buena de Dios. Han convertido el patio español en una piscina de agua fría sin sentido, para estar vacía, verla y no usarla.

—No te has dado cuenta de lo peor.

—Salta a la vista, así como el Salta Cocote brinca al cuello.

—Abimbaíto, este hotel es un monumento al trujillismo, que se ha levantado subrepticiamente, y, por añadidura, como si fuera poco, una loa al machismo. Una falta de respeto al pueblo dominicano y una provocación al Estado, dueño de las instalaciones.

—Es indignante, Cucharita. Mira la galería de fotos. Fíjate la de las hermanas Mirabal, al pie dice: “Ajusticiadas régimen de Trujillo”. Quieren significar que nuestras heroínas fueron “ajusticiadas” por el régimen tiránico. Suena a blasfemia, a irreverencia desafiante. Es adulterar los símbolos. Entronizar la abyección. Depravar la virtud.

—Y mira esta otra con los rostros de algunos de los héroes del 30 de Mayo, cuyo pie reza: “Criminales prófugos: los que mataron al Jefe”. O aquella con la imagen de Trujillo y un prelado, con la leyenda “Iglesia y Trujillo”, dando a entender la sumisión de la religión a la grandeza del “jefe”, como si quisieran olvidar la pastoral que los obispos emitieron en 1960 pidiendo el cese de los atropellos a la familia dominicana. ¿Por qué no enmarcan la pastoral en letras grandes?

—No solo eso. Las fotos están acompañadas de las obras de relumbrón del tirano, verbigracia el Teatro Agua y Luz, la Feria de la Paz, el Hotel Embajador.

—Observa el letrero del restaurante. Se llama: “Rubirosa’s”. Está acompañado de no menos de 10 fotos de gran tamaño del playboy impenitente, que resaltan las virtudes del macho amamantado por el tirano.

—No puede ser. Este hotel reabre las heridas del pasado. Pretende ser un pequeño museo que rinda reverencia a un pasado que jamás volverá. Aquí faltan las fotos de las cámaras de tortura. Las de los presos sometidos al cruel castigo de la silla eléctrica. Las de los asesinados por el “jefe”. Las de los gloriosos expedicionarios del 14 de Junio, masacrados en San Isidro por la camarilla de criminales al servicio del pato Ramfis. Las del atentado a Rómulo Betancourt. Las de las mujeres llevadas a citas amorosas para perdonar la vida de algún familiar cercano. Las del robo masivo del erario.

—Escúchame, Abimbaíto. No nos quedemos en este hotel. Es inadmisible que en una propiedad del Estado se rinda tributo al tirano. Es una ofensa mayúscula, carente de inocencia. Y no solo al tirano, sino al machismo desembozado. ¿Qué valores queremos resaltar en esta sociedad? ¿Los de la opresión como norma, la explotación de la mujer como cosa, el machismo desembozado, la intoxicación etílica? Por Dios, ¿Adónde vamos a llegar? Nadie podrá arrebatar la libertad a este pueblo.

—Las autoridades deben reaccionar. La concesión otorgada para la explotación de estas facilidades está siendo mal utilizada. Debe llamárseles a capítulo. Mejor aún, anularla, porque perro huevero seguirá comiéndolos, aunque le quemen el hocico.

—Y ¿qué hacer con el elefante blanco?

—Te daré una idea. Es ideal para llevar a cabo un proyecto que facilite el retiro de personas mayores, pensionadas, nacionales o extranjeros. Podría ser una fuente permanente de vida, de ingresos para la comunidad, con demanda de servicios de apoyo, empezando por los de cuidado médico y sanitario, y continuando con los de alimentación, recreación, cultura, ejercicio físico, y así por el estilo.

—Tienes razón, Abimbaíto. Podría convertir a Constanza en un refugio para personas de capacidad económica relativa que tengan algo que aportar a la comunidad, en conocimientos, experiencias, valores.

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