El caro precio por elegir la verdad

Santo Domingo

Recientemente decidí actualizar la carpeta de evidencias que avala mi formación académico-profesional posterior al grado de licenciatura que obtuve en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

Uno de mis primeros esfuerzos por transcender al nivel de grado de licenciatura, fue optar por un postgrado en la Universidad Católica Santo Domingo (UCSD), a finales de la década de los 90. Fue poco más de un año de trabajo académico intenso, pues debía conciliar la agenda de madre de dos hijas pequeñas, dos jornadas laborales y, además, la responsabilidad del postgrado que con mucho anhelo había iniciado. El resultado, gracias a Dios, fue el esperado, obtuve las herramientas que buscaba en esa capacitación, pese a pagar un alto y amargo precio de quedarme al cierre en el diario para el cual prestaba mis servicios, ya que había decidido seguir estudiando. Las calificaciones fueron satisfactorias, pese a ese cuadro, y me permitieron obtener grado de honor por excelencia académica.

Pero, la historia no acaba ahí ¡Oh sorpresa!, al retirar el título, encuentro que mi nombre está escrito de forma incorrecta. Al verlo, mis ojos y mis sentidos revelaron la película de esa historia que había precedido al logro del postgrado; créanme, muchas horas en pura vela, tras ese añorado esfuerzo. Sin más ni más, mis ánimos se fueron al piso, descuidé el pergamino de manera voluntaria, pues no me serviría para nada, luego, lo destruí.

Andando el tiempo, veinte años después, entiéndase hace poco menos de dos semanas, visito la Universidad Católica para solicitar una réplica del título, expliqué por qué no lo tenía en mi poder, ¿y saben ustedes cuál fue la respuesta?, que vaya a la Policía Nacional a solicitar un acta en la que se diga que lo perdí o me lo robaron, a lo que rotundamente me negué. Levanté un acta diciendo las cosas como habían ocurrido. Ahora debo notarizar esa verdad. Quizás el camino habría sido más corto si hubiera optado por el subterfugio de la mentira. Al final, me siento satisfecha, pues con gusto estoy pagando el caro precio por elegir la verdad antes que la mentira. Siempre optaré por la verdad.

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