La diáspora literaria sigue su marcha

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Julia Álvarez fue, sin dudas, la que inició el camino. Creo, sin que nadie lo haya reconocido dentro de la propia clase literaria diaspórica, que todo cuanto vino después estuvo inspirado en su ejercicio como escritora dominicana que escribe en inglés pero con temas fundamentalmente nuestros. Independientemente de la calidad de sus obras, la selección de sus temas, de raigambre criolla si me permiten el término, es su aporte más señalizador.

Julia iniciaría como poeta en 1986, hace justamente 35 años, con Homecoming. Al igual que sus otros dos textos poéticos, no recuerdo conocer las traducciones de los mismos. Igual sucede con sus relatos infantiles y con sus ensayos. Su carrera como escritora dominicana que escribe en inglés se inició hace 30 años con How the Garcia Girls Lost their Accents, que se publicó en 1991. Tuvimos que esperar tres años, en 1994, para leer la edición en español de Ediciones B. Posteriormente, su carrera seguiría ascendiendo con sus otras novelas y, aunque en nuestro país literario algunos recibieron sus libros con reticencias sólo porque escribía en otra lengua que no era la suya original (ignorando que ella había nacido en Nueva York y que, aunque regresó junto a sus padres cuando apenas tenía tres meses de edad, al cumplir diez años sus progenitores regresaron con sus hijas a establecerse en Estados Unidos para siempre), con el tiempo leer sus novelas se constituyó en una obligación. Su vida de niña y adolescente cuando junto a sus hermanas fueron poco a poco perdiendo su acento dominicano para entenderse en su nueva lengua, la tragedia de las hermanas Mirabal, la vida de Salomé Ureña. Nadie antes había considerado novelar estas historias personales y de nuestra historia política y literaria. Ella lo hizo y esa fue su marca de fábrica que consagró su práctica literaria con el aplauso de la crítica estadounidense y el respeto de nuestro país cultural.

Entonces, siguió Junot Díaz, que nacido en Santo Domingo se fue a los seis años de edad rumbo a New Jersey. Con una formidable educación universitaria en Rutgers y Cornell, publica a los 28 años de edad su colección de relatos Drown (Ahogarse), en 1996, o sea hace 25 años. A República Dominicana llega dos años después, en 1998, con un título horrendo Negocios, en traducción de Eduardo Lago y edición de Vintage Books. Mondadori haría otra edición española con el título Los Boys. Un año antes de dar a conocer su primer libro, el cuento Ysrael, con el que se inicia la obra mencionada, es seleccionado como uno de los mejores relatos norteamericanos de 1995. Tomemos en cuenta que entre los cuentos escogidos figuran los de autores de prestigio en la literatura norteamericana como Joyce Carol Oates. Junot se mantuvo moviéndose por todas partes con ese único libro tan aclamado, durante 11 años, hasta que aparece La maravillosa vida breve de Óscar Wao, en 2007, en inglés, y un año después en español, en edición de Mondadori. Llenó todas las expectativas. Un escritor consagrado con solo dos libros, uno de relatos y una novela. Seis años después entrega otra colección de relatos, ya menos atendida por los lectores, bajo el título Así es como la pierden. El elemento común en Julia Álvarez y Junot Díaz: la presencia del tema dominicano en sus textos narrativos. Esa es la antorcha que ellos levantan y ese es el aporte que su sensibilidad como escritores hace, conjuntamente, a la literatura norteamericana y a la dominicana. El camino estaba abierto para nuevas experiencias.

Llegaron otros nombres a continuar esa labor, pero con una repercusión menos sólida, por lo menos en el país. Julia y Junot vinieron varias veces a promover sus libros, pero en el caso de los que mencionaremos esta promoción no se ha dado. Quienes continuaron la trayectoria de las dos estrellas de la literatura dominicana escrita en inglés, fueron Loida Maritza Pérez que publica en 1999 –hace 22 años- la novela Geographies of Home (Penguin Books), traducida al alemán en 2004, pero insólitamente no editada aún en español. Su obra ha sido elogiada por Julia Álvarez, la gran Maryse Condé y la haitiana Edwidge Danticat. Le siguió Angie Cruz, dominicana nacida en Washington Heights, quien presentó en 2001 su novela Soledad, que aunque lleve título en español está escrita en inglés. Luego en 2005 publica Let It Rain Coffee (Que llueva café) y en 2019 la novela Dominicana, que ha sido traducida este mismo año al español, justo veinte años después de haber iniciado su carrera. En el 2002 aparece Song of the Water Saints de Nelly Rosario, que un año después, en 2003, se traduce al español como El canto del agua. En el 2007, un dominicano que emigró a Estados Unidos junto a sus parientes, específicamente a Louisiana en los años setenta, Lucas Díaz-Medina, me hizo llegar desde Nueva Orleans, su libro de relatos Passing Unseen, donde Santo Domingo ejerce su influencia temática. No conocemos si el libro logró traducirse al español, cosa que dudamos, y en verdad no sabemos de la carrera literaria de Lucas desde hace catorce años. Finalizo con Elizabeth Acevedo, escritora de textos juveniles y novelas en versos, que ha publicado hasta donde sabemos cuatro libros en inglés, siendo el principal The Poet X, en 2018. El año pasado dio a conocer Clap When You Land. Por lo que podemos ver, Nelly, Loida y Lucas parece que paralizaron su producción, mientras que Angie y Elizabeth la han mantenido con solidez.

La gran sorpresa del momento, por lo menos para quien esto escribe, es una capitaleña cuya escritura no proviene de Estados Unidos sino de España. Reside en Barcelona desde hace diez años y escribe para el diario “El Espectador”, de Colombia. Su libro Por aquí pasó una luciérnaga es una de esas joyitas que los amigos encuentran para uno, en la seguridad de que será de lectura grata. Mi grande amigo Franklin Gutiérrez siempre suele traerme novedades cuando viaja un par de veces al año a su tierra nativa. Nunca se ha equivocado. Ha de tardar meses, supongo, para sorprenderme. Y como otras veces, me ha obsequiado un libro que me ha estremecido: por los temas que escoge y por la prosa limpia, jugosa, inteligente. Su autora, Sorayda Peguero Isaac, no ha escrito una novela ni un conjunto de cuentos. La suya es lo que ya se va conociendo como crónica cultural y de la que el colombiano Darío Jaramillo Agudelo ha realizado una magnífica antología. Hasta hace poco esto se llamaba periodismo literario, y creo que lo sigue siendo. Ahora se conoce mejor como crónica cultural, que nada tiene que ver con reseñas o comentarios periodísticos sin sentido literario. Sorayda escribe con un estilo que somete al lector a sus vivencias. Sabe transmitir lo que ha leído, o lo que ha conocido de otros labios, o lo que ha vivido de modo directo, y lo traduce con ritmo y encanto, los “ritmos del español antillano”, afirman los editores. Crónicas breves, atractivas, gozosas, que lo mismo recuerdan aspectos de su dominicanidad (de El Show del Mediodía a Llegó Juanita, del malecón a Cutupú) como revela experiencias desconocidas que algún texto o algún transeúnte le habrá referido y ella transformó en literatura. Por su libro desfilan Celia Cruz, Johnny Pacheco, Camila Henríquez Ureña, Minerva y Dedé Mirabal, Frida Kahlo, Marguerite Duras, Ida Vitale, James Joyce, Silvia Beach, Hemingway, Lorca, Borges, Violeta Parra, Saramago, Truman Capote, Marilyn Monroe, Ismael Rivera, Maryse Condé, Palito Ortega, Charlie García, José Luis Perales, Abigaíl Mejía, Omara Portuondo...

Leer a Sorayda Peguero, hija de la diáspora literaria dominicana, esta vez desde España, es un regalo que podemos concedernos en estos tiempos pandémicos. Con ella, como con los citados anteriormente, la dominicanidad literaria no residente fortalece su trayectoria y sus aportes al desarrollo de la historia de nuestra literatura. Un haber de prodigios, de logros, de auténticas manifestaciones de buena escritura en diversos géneros que lleva ya inscritos muchos nombres, buenos textos y los mejores lauros. Hoy sólo quisimos detenernos en los que han alcanzado llegar a las grandes editoriales desde esa lejanía diaspórica que no olvida su ancestralidad viva, el apego a sus orígenes. Sorayda es prueba de esta vital y telúrica obsesión. ¡Qué maravilla es conocerla!

LIBROS
  • Por aquí pasó una luciérnaga
  • Sorayda Peguero Isaac
  • Tusquets, 2021
  • 241 págs.
  • La columna periodística, escrita con estilo literario, es parte de la gran literatura. Es un género más, que ya no puede considerarse como arte menor. Javier Marías, entre otros grandes, lo tiene más que demostrado. Sorayda está inscrita en ese terreno con singular mérito.
  • Geographies of Home
  • Loida Maritza Pérez
  • Viking Penguin Books, 1999
  • 321 págs.
  • Una novela que va exigiendo ser conocida en español para disfrute de los lectores dominicanos. Hace 22 años que se publicó en inglés y no se ha traducido. Es el único libro, que sepamos, de esta autora dominicana residente en Estados Unidos.
  • Soledad
  • Angie Cruz
  • Simon & Schuster 2001
  • 237 págs.
  • En esta, su primera novela, solo nos refieren que nació en Washington Heights, New York, pero no especifica su dominicanidad. Celebrando sus veinte años en la literatura, nos llega recién su novela “Dominicana” que hay que está disponible en Cuesta.
  • Passing Unseen
  • Stories from New Domangue
  • Lucas Díaz-Medina
  • iUniverse, 2007
  • 155 págs.
  • Residente en New Orleans, donde estudió Escritura Creativa, grabó un álbum como trompetista de jazz y ha publicado sus cuentos en varios medios norteamericanos. Su libro podría traducirse como “Pasar sin ser invisible”, pero necesitamos que se traduzca.
  • Literatura dominicana en los Estados Unidos
  • Editorial Funglode, 2004
  • 105 págs.
  • Historia y trayectoria de la diáspora intelectual en EE UU. Con textos de Franklin Gutiérrez, Marianela Medrano, Héctor Amarante y Pedro Antonio Valdez. Una contribución a nuestra literatura que se remonta a los inicios del siglo XX y ha producido una copiosa y trascendente bibliografía.

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