La prisa es mala consejera

El Gran Santo Domingo sufre un rebrote de COVID-19 que estaba pintado en todas las paredes, pero que el Gobierno optó por mirar para otro lado y fijarse en las que son sus prioridades, que están basadas en una vuelta a la normalidad lo antes posible, aunque conlleve el riesgo de incrementar la crisis que vivimos ahora mismo en la capital y zonas aledañas.

La pandemia se ha reactivado en el mayor centro urbano del país y los hospitales han comenzado a llenarse peligrosamente, mayormente, según los informes oficiales, por personas que no han querido vacunarse contra la enfermedad.

En el escenario actual me parece crítico que el Gobierno tenga la valentía de retomar ciertas medidas de prevención, que limiten la capacidad de contagio, si es que quiere evitarse tener en sus manos una emergencia de mayores magnitudes. Países europeos y otros latinoamericanos, como Argentina y Brasil, han sabido retornar escenarios de control cuando los rebrotes asoman, no han chistado ni se han dejado influenciar. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo aquí?

Me parece que no es momento de abrir las escuelas, ni de permitir eventos masivos, sobre todo, en espacios cerrados. Creo que hay que limitar más la capacidad en restaurantes y centros comerciales, entre otros lugares, para que la situación no se salga de control.

Este gobierno lo ha hecho bien con la vacunación, pues ha puesto en tierra las dosis necesarias para que la población se inmunice. Me parece que ese hecho podría quedar empañado por una reactivación a destiempo de la normalidad en el país. El momento lo que requiere es centrarse en conseguir que la gente se convenza de que debe vacunarse sin excusas, aunque haya que ir y sacarlos de las casas o llevar la vacuna a su puerta. Nos queda el verano para eso y así, para agosto, sería posible conseguir la soñada inmunidad de rebaño.

El llamamiento al Gobierno es a aguantar presión y evitar que se acelere un proceso que, como ellos mismos dicen, tiene vida propia. Tomarse un mes más con restricciones, postergar las clases a agosto y hacer un operativo de vacunación barrio por barrio podría ser la mejor estrategia. Creo que es lo correcto, porque la prisa es mala consejera.

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