Normalidad por la cocina

Las autoridades gubernamentales, procurando una pronta recuperación de la economía, han apostado a traer la normalidad por la cocina y, de a poco, han relegado la seriedad de la pandemia a un segundo plano, mediante el uso de una estrategia de vacunación que para nada está cerca de la inmunidad de rebaño necesaria y del retorno a las actividades económicas casi en un 100 por ciento, al relajar las medidas de control contra el COVID-19, como lo es el horario del toque de queda.

Sobre ese tema, la portada de Diario Libre del lunes revelaba un hecho escandaloso: ante la limitación de la cobertura de los seguros médicos a las pruebas para la detección del virus que provoca el COVID-19, los dominicanos están optando por pasar la enfermedad, o todo lo que se parezca a ella, en sus casas y así se evitan pagar los sobre 2,000 pesos que cuesta someterse a los exámenes de detección. Esa realidad tiene una explicación y es que en una familia de cuatro personas, someterse a la detección de la enfermedad costaría entre ocho y 10,000 pesos, un dinero considerable para el núcleo dominicano promedio, eso sin contar con los medicamentos que habría que comprar para tratar el padecimiento.

El resultado de esa estrategia ha sido una reducción considerable en las pruebas realizadas, lo que a su vez trae consigo una baja importante en los casos positivos que se registran en el país. Esa combinación es perfecta para argumentar que la vida puede retomar la normalidad y que la actividad económica tiene que abrirse en su totalidad.

Un detalle, sin embargo, desata la suspicacia en mi persona, y es que dentro de todo no se ha ordenado una vuelta a clases generalizada, como se pretende hacer con las actividades económicas. Me huele que la razón estriba en que el gobierno sabe que hay más COVID-19 en República Dominicana del que se dice y que un obrero puede ser fácilmente añadido a la lista de muertos, pero un estudiante o un maestro no, por lo que mantener las aulas cerradas es conveniente como medida preventiva.

Quizás peco de maquiavélico y nada de eso es cierto, pero la experiencia de vida me indica otra cosa, aunque ruego con el alma que mi teoría esté equivocada.

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