Se rompió el código

El mayor Girón Jiménez es uno de los tipos más valientes que he visto en mi vida. No lo conozco de nada, sólo sé que existe por sus vínculos con la Operación Coral y el poderoso testimonio que ofreció el pasado jueves ante la jueza Kenya Romero, mientras el país lo observaba en vivo.

El mayor describió un panorama tétrico de cómo se maneja el dinero en las fuerzas de seguridad pública y confirmó cada una de las leyendas urbanas que existían sobre el enriquecimiento ilícito en las altas esferas de los cuerpos castrenses dominicanos, al hacer un compendio de barbaridades digno de un libreto de novela policiaca.

Este hombre tuvo la valentía de romper el código, de pasar por encima de todas las cadenas de mando y, sobre todas las cosas, de poner su vida en peligro para denunciar un entarimado de corrupción que está arraigado, pero que pocos se han atrevido a enfrentar. Girón Jiménez quebró la complicidad silenciosa que da el uniforme y la formación militar-policial, por unas motivaciones que estoy convencido van mucho más allá de su compromiso social.

A este oficial, este grupo, formado por el mayor general del Ejército Adán Cáceres Silvestre; la pastora Rossy Guzmán y el hijo de ella; el coronel de la Policía Rafael Núñez de Aza, y el sargento de la Armada Alejandro José Montero Cruz, tuvo que haberle maltratado de tal forma que su única ruta de escape fue hacerse testigo del Ministerio Público. Ese miedo, me parece, fue el motor principal de su acción, porque no hay nada más peligroso en la vida que una persona aterrada y temerosa de morir.

Al mayor Girón Jiménez lo iban a matar, porque era el que lo sabía todo y era la parte más vulnerable de la cadena. Él optó por la ruta que le salvó la vida, pero las mismas fuerzas que él denunció, tienen ahora el deber de proteger su vida, hasta que el juicio llegue a su fondo. Ojalá y sepan entender el servicio que este valiente oficial ha dado al país.

Comentar/Ver Comentarios