Reforma Ley 87-01: oportunidades y resistencias

Santo Domingo

Eduardo Estrella y Alfredo Pacheco, presidentes del Senado y la Cámara de Diputados, respectivamente, apoyan una reforma integral de la Ley 87-01 que creó el Sistema Dominicano de Seguridad Social (SDSS). También la favorece Agustín Burgos, presidente de la Comisión Bicameral de Seguridad Social. Aunque el presidente Luis Abinader todavía no se ha pronunciado, así lo contempla su Plan de Gobierno.

Un proceso lleno de tantas oportunidades, como resistencias. Todos coinciden en cambios estructurales para ampliar la cobertura, elevar la calidad y satisfacción de los afiliados y reducir el gasto de bolsillo. La gente opina en forma más directa al demandar la reducción de las ganancias de las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS), de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) y de las Prestadoras de Servicios de Salud (PSS), exigiendo cambios reales contra las desigualdades, los abusos y los privilegios.

La mayoría de la población está insatisfecha con los servicios y el tratamiento recibido, con un copago descontrolado y la incertidumbre de recibir una pensión insuficiente, mientras se acumulan evidencias de que el gran capital ha convertido a la seguridad social en un negocio multimillonario, reduciendo a una simple mercancía un derecho humano, universal, esencial, obligatorio y solidario.

Este cambio no será fácil porque se trata de una carrera llena de obstáculos. En cuatro décadas, de seis proyectos integrales presentados, cinco fueron abortados y sólo uno llegó a la meta. A la luz de esta experiencia, ¿esta vez, podrá la población contar con una reforma estructural que realmente eleve la protección social? ¿De qué factores y fuerzas depende el éxito? ¿Cuáles son las reformas esenciales? ¿Cómo reducir el gasto de bolsillo y elevar la calidad de los servicios? ¿Cuáles cambios son imprescindibles para eliminar las pensiones de miseria? ¿Cuál debe ser la estrategia para evitar otra frustración? ¿Podrán los partidos políticos y los congresistas resistir las tentaciones y las presiones del hombre del maletín?

Tanto las leyes como sus reformas son el resultado de la correlación de fuerzas de los sectores que la integran. Por cuanto cualquier rescate de los derechos de los afiliados reducirá las ganancias y los privilegios, hay que esperar una reacción de las administradoras y proveedoras más poderosas, utilizando estrategas y bocinas para relativizar la creciente insatisfacción popular y negar las utilidades excesivas.

Salvo honrosas excepciones, cuentan con la cúpula empresarial la cual, a pesar de que los empleadores aportan el 70% del financiamiento de la seguridad social, nunca han mostrado un genuino interés de que sus trabajadores reciban servicios suficientes y de calidad, para reducir el ausentismo y elevar la productividad y la competitividad.

Utilizarán los medios, contactos y el poder disuasivo que todos conocemos. No es difícil minar la ética y la coherencia de los políticos y congresistas incapaces de renunciar al barrilito y el cofrecito, y de cumplir su promesa de apoyar las tres causales. Y deben estar preparados para pasar facturas a los partidos políticos por su apoyo durante las campañas electorales.

Sólo el empoderamiento popular podrá rechazar la contraofensiva. Aunque se lograse el apoyo de los partidos políticos, ello no sería suficiente. En toda iniciativa de cambio, hace falta el apoyo militante de la clase media, de los grupos populares y de la opinión pública sana. Y mucho más aún, si el dinero lograse erosionar y dividir la decisión de los partidos políticos.

Resulta vital explicar los cambios estructurales necesarios ya que la experiencia de la Plaza de la Bandera demuestra que toda conquista depende del empoderamiento de la población. Ahí está el ejemplo de las protestas frente al Palacio Nacional por las tres causales. Debemos apoyar públicamente a los políticos y congresistas realmente comprometidos a elevar la protección social.

Concentrar el debate en los cambios estructurales. El debate sobre la reforma debe concentrarse en los aspectos medulares que definen la estructura de la ley, tales como, las prestaciones y los servicios garantizados, sus costos, el financiamiento y las fuentes de los ingresos, variables que determinan las características del sistema.

Para optimizar el grado de protección social y asegurar su viabilidad y sostenibilidad, estos cambios deben sustentarse en cálculos financieros y actuariales, a partir de la frecuencia y el costo promedio de los servicios incluidos. No olvidemos que las reformas pueden ser estructurales, sin ser integrales, y también, integrales, sin ser estructurales.

El proceso de reforma no debe limitarse a las consultas intramuros. A los partidos y congresistas les conviene promover un debate técnico y político, público y contradictorio. Sin transparentar el contenido y los fundamentos de las reformas estructurales, podríamos tener una reforma “integral” pero insustancial, que no responda a las expectativas de la población, como ocurrió con la “reforma” cerrada del año pasado.

El equilibrio y la profundidad de los cambios dependerá de una consulta transparente y democrática. Recordemos que los aspectos más positivos de la Ley de Seguridad Social fueron el resultado del enfrentamiento de las ideas y de las propuestas surgidas durante una amplia consulta popular. Gracias a la hospitalidad de Diario Libre, vamos a compartir experiencias y a tratar de responder a las preguntas arriba señaladas.

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